El verdugo



El verdugo

Cada hombre ve de cara a su verdugo:
Real, imaginario, físico, percibido,  
el verdugo se desarrolla, florece
Crece y madura nutrido por este o aquel temor, miedo a esto, aquello o a lo demás

Algunos cargan su verdugo con orgullo—como un escudo de honor
Otros lo esconden con vergüenza, lo disfrazan tras desdén o bondad
Para otros aún es la razón de su existencia, su “el por qué de mi vida”
Y están aquellos que viven en el como ave en su nido—protegidos por su dolor
Felices en su infelicidad.

Con el verdugo no se nace, pero por él muchos mueren, o peor, no viven.
Ahogándose en su tumba en vida,
Dejan que la rutina de la incómoda comodidad marque su existencia
Insatisfechos, se satisfacen con este o aquel momentáneo placer, este o aquel gesto de “te veo”
Y el verdugo crece, crece, crece hasta ser el enorme monstruo que los mantiene en su prisión
Y el cuerpo en duelo, y aún más el corazón. 

“¿y dónde cabe el amor en todo esto?” se pregunta el inquisitivo lector, “¿dónde?”

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